Protagonistas de su historia

Cuando fui a visitar a unas mujeres en un centro de detención para inmigrantes este viernes, lo que más me llamó la atención es como el hecho de ser detenido les roba de aún los momentos sencillos de tomar decisiones y acciones, decisiones que damos por hecho. Ahora que está haciendo frío aquí en Tucson, puedo prender la calefacción. Me pongo otra chamarra. Cuando tengo hambre, decido que voy a cocinar y comer. Decido cuando salir afuera, cuando hacer ejercicios, cuando descansar. Puedo apagar las luces de mi cuarto cuando quiero. Ninguna de estas opciones existen para inmigrantes en detención. El sistema de detención toma las decisiones y es esta fuerza, no su propia voluntad, que parece importar.

Estuve en el centro de detención la mañana después del anuncio del Presidente Obama sobre su acción ejecutiva. Otra fuerza que parecía externa cambiando un sistema en lo cual los inmigrantes parecen ser atrapados. Esta vez una fuerza benévola, un cambio que (a pesar de ser lejos de lo ideal) puede mejorar las vidas de 4 millones de personas. Pero de todos modos una acción de autoridad. Como si los encargados del centro de detención de repente decidieran subir la calefacción a una temperatura más cómoda o dar pozole y tostadas a la hora de la comida. Estas decisiones desde arriba no muestran la agencia de los mismos migrantes.

Sin embargo.

Lo importante no era que Obama actuó para cambiar las circunstancias para cuatro millones de personas, dejándolos solo la opción de responder. Fueron esos mismos inmigrantes, mucho de los cuáles no beneficiarán de la acción, que trabajaron y se organizaron y lucharon y presionaron para que se diera esta acción. Son estos mismos inmigrantes que han estado viviendo su propia libertad por años y décadas, aún cuando el sistema no los reconoce. Inmigrantes que son los protagonistas de sus propias historias, no los sujetos de otras narrativas.

Sin importar los requisitos por la acción deferida, cada día hay nuevos protagonistas. Después de pasar la mañana el viernes en un centro de detención, pasé la tarde dando la bienvenida a una mamá guatemalteca y su hija que hace unos días cruzaron la frontera y ahora ICE las había dejado en libertad para pelear su caso migratorio. Cuando la hija tenía tres años, su mamá la había dejado en Guatemala para ir a Nueva York y ayudarle a salir adelante. Diez años después, se regresó a Guatemala para traerla con ella.

La mamá no calificará por los permisos temporales, aunque tiene un hijo de ocho años que nació en EU, porque no ha vivido continuamente en el país por los últimos cinco años. No calificará porque decidió actuar de una forma valiente para reunir a su familia después de diez años de separación.

Muchas personas se preguntan cómo responder al anuncio del Presidente Obama. Hay que reconocer la importancia del momento. Nuestra respuesta tiene que ser como debíamos haber estado actuando antes: acompañando a nuestros hermanos migrantes en sus caminos, como actores en su propio destino. Porque reconocemos la importancia de las leyes del país pero también nos damos cuenta que somos parte de una drama mucho más grande y vivimos hacía un destino mucho más importante.

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