Cambiando de rol

En la platica diaria de derechos humanos y violaciones de esos derechos antes del desayuno en el comedor de la Iniciativa Kino para la Frontera, un migrante compartió su experiencia de una detención injustamente prolongada a dos años, los abusos que había sufrido en el proceso en la corte y la injusticia de su juicio. Expresó su coraje con el proceso y su intención de pelear por sus derechos. Una amiga, quien trabaja por Kino, se acercó y me pidió “¿Podrías hablar con él y escuchar los detalles de su caso?”

Antes, en los meses cuando vivía tiempo completo en Kino, le hubiera escuchado con compasión, hubiera escuchado todo lo que tenía que decir sobre su enojo y frustración y hubiera tratado de entender cómo se sentía con lo que enfrentaba, aunque no pude hacer nada para ayudar. Ahora tampoco tengo experiencia para poder ayudar. Pero mis circunstancias y mi trabajo son diferentes. Esa vez, me senté con él para revisar todos sus documentos y papeles, recogiendo información y tomando en cuenta lo que he aprendido en los últimos tres meses de debido proceso y litigio en la frontera para darle una idea, pero no consejos legales, de sus opciones.

Como si le hubiera conocido hace tres años, todavía no pude hacer nada. Pero ahora siento la carga de una expectativa, una esperanza. La idea que, por mi trabajo con el Proyecto de Litigio en la Frontera de la ACLU, podría superar las limitaciones del sistema y mostrarle un camino a la justicia. Aún si fuera una abogada, por la falta de recursos (lo cual entiendo) y las particularidades del sistema judicial en los EU (las cuales todavía desconozco), en muchos casos de violaciones de los derechos de los migrantes, no es posible poner una demanda.

Por mis años de acompañar a migrantes,  conozco la impotencia. Migrantes en la frontera, viajando al norte, en sus comunidades después de retorno o deportación y aún los indocumentados en EU suelen compartir su desesperación frente a su pobreza, sus retos legales, la separación de su familia y su miedo. Yo también me desespero.

Pero ahora las conversaciones son diferentes. Por los migrantes, ya no basta con decir que espero trabajar hacía un futuro en lo cual el sistema sea más justo. Las personas exigen respuestas y justicia y los exigen ahora. Migrantes sufren diario las condiciones inhumanas de los centros de detención, migración obliga a personas a firmar documentos que no entienden, hospitales deportan a pacientes sin su consentimiento bajo el pretexto de ayudarles a encontrar mejor cuidado y la Patrulla Fronteriza sigue usando fuerzo excesivo, hasta matar a personas inocentes. Enfrentamos lo que Martin Luther King Jr. nombra “la urgencia intensa de ahora.” La presión de esta urgencia nos hace sentir incómodos. También nos debe motivar a la acción.

Pero en mi nuevo rol, no me puedo olvidar de mi manera de ser de antes. No hay que olvidar de sentarme, sentarnos, escuchar y acompañar con paciencia a la gente que sufre. Si no hacemos eso, la urgencia no tiene sentido.

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