La Hospitalidad Abre Fronteras

En medio de una transición de mi trabajo de campo a mi análisis y escritura, estoy empezando a ver mis entrevistas desde nuevas perspectivas. Como parte de mis reflexiones, aquí va un avance de un capítulo que estoy escribiendo por un libro sobre migración asociado con los jesuitas.

Este año, la Red Jesuita con Migrantes se ha enfocado en el tema de “La hospitalidad abre fronteras.” En uno de los documentos que desarrolla este tema, “Si quieres paz, sea hospitalario,” explica la tradición de la hospitalidad y que en antigüedad, “La hospitalidad era una costumbre, consistente en no hostilizar a los “otros” (extranjeros, vecinos, viajeros) que llegan a la comunidad.”

En el contexto de la migración de retorno, esa definición parece irónica. No parece que los migrantes de retorno son los “otros.” En la gran mayoría de los casos que he encontrado, se han regresado a las mismas comunidades de donde salieron y hasta las mismas casas en donde nacieron. No son ni extranjeros ni de comunidades vecinas ni viajeros. Y claro que a varios sus comunidades los reciben con los brazos abiertos y el gusto de ver a un paisano otra vez.

A pesar de eso, en muchos casos las comunidades los reciben con hostilidad en vez de un sentimiento solidario de comunidad o acogido de hospitalidad. Debido a su tiempo en Estados Unidos, se han convertido en extranjeros en su propia comunidad. Estando en otro país cambia a uno, sobre todo si han vivido allá por muchos años o, en algunos casos, casi toda su vida.

Las mismas comunidades que me reciben como extranjera con brazos abiertos rechazan a los migrantes de retorno quienes en su apariencia o manera de ser no son ni extranjeros ni completamente paisanos. Sobre todo si esos migrantes se regresan con tatuajes u otro estilo de vestir. Una chava que trabajó en música en Nueva York me contó que se regresó a su comunidad rural en Puebla con piercings, ropa negra y uñas pintadas en negro. Los doctores que la atendieron por su parto le hicieron quitar todos sus piercings y su mamá y otros en la comunidad le presionaron para que cambiara su estilo de vestir porque todos decían que andaba en pandillas.

También el uso del inglés es mal visto. Los jóvenes que vivieron casi toda su vida en Estados Unidos, a veces se sienten más a gusto hablando inglés pero los de sus comunidades piensan que lo hablan para presumir. Otros mexicanos les dicen “estamos en México, habla español.”

Como extranjera, mis maneras de hablar y actuar son novedades pero las diferencias que los miembros de la comunidad ven en los migrantes de retorno son vistas como amenazas. En la Biblia, un experto en la ley pregunta a Jesús, “¿Quién es mi vecino?” y Jesús amplia la definición de la palabra. Pero al mismo tiempo, a veces la hospitalidad más difícil no es hacía el extranjero ni el viajero sino la hospitalidad hacía un vecino que por cualquiera razón es diferente que tú y como piensas que deben ser. A veces las fronteras más difíciles de abrir no son entre la gente que se ven diferentes sino los que se parecen.

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