Inseguridad oculta (Unseen Insecurity) [Versión en español]

Cuando paseo por los pueblos vecinos de San Gabriel y Jiquilpan, Jalisco, su tranquilidad siempre me llama la atención. Los dos pueblos tienen en total un poco más que 6000 habitantes, menos que el número de estudiantes en mi universidad. Todos se saludan en la calle y se paran para platicar. En los alrededores están cerros verdes (y ahora más bonitos que nadaImage por la temporada de lluvia) y el campo. Como un migrante de regreso me dijo, “aquí disfrutas todo el panorama, el paisaje, la naturaleza, el aire, lo respiras diferente.” El ambiente emite tranquilidad.

Al menos durante el día y por un observador inatento. La realidad es diferente.

Como un migrante de regreso mencionó, cuando se regresó hace 2 años “llegué a encontrar el pueblo diferente” por la gente extraña que había llegado. Esos extranjeros son narcotraficantes, quienes en estos 3 años han estado usando el cerro y el campo por su negocio. Cultivan marihuana y trafican drogas en los alrededores. En la noche, la carretera que sale al oeste de los pueblos está efectivamente cerrada porque la controlan en esas horas para pasar los paquetes.

En esos últimos años, han desaparecido a algunos jóvenes, o sea, los narcos los han secuestrado o matado. La mayoría de ellos tenía alguna relación con el cartel, pero no siempre directa. Por ejemplo, un joven muy trabajador se casó con una joven de Michoacán cuya familia tenía una bronca con los narcos. Para vengarse, lo desaparecieron. Con razón algunos de los migrantes que he entrevistado señalan la policía y la seguridad en los EUA como razones para regresar al otro lado.

Debido a esas circunstancias, después de las 9 de la noche no hay nadie en las calles. El silencio puede ser confundido con paz mientras en realidad es un silencio de miedo e inseguridad.

Muchas políticas públicas en México y los EUA tratan de crear la apariencia de paz – con silencio – que oculta el trasfondo de violencia e injusticia.

Al mismo tiempo, este fenómeno no solo tiene que ver con la política sino también en la vida personal. Como mi amiga de San Gabriel señaló, los narcos no son los únicos autores de violencia que invade el ambiente de paz. Dentro de los hogares, violencia intrafamiliar, alcoholismo y muchos otros problemas son prevalentes y conocidos en el pueblo pero sin acción por parte de los habitantes para ayudar a las familias.

Esta violencia oculta no solo ocurre en San Gabriel y Jiquilpan. En nuestras propias vidas, si al menos todo parece estar bien, mientras el paisaje hermoso y el aire fresca emiten tranquilidad, seguimos sin enfrentar los problemas y la inseguridad más al fondo. Paz real requiere un Dios y un pueblo que se preocupen por más que las apariencias.

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